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Renaud CAMUS – Carta autógrafa firmada a Madeleine Chapsal.

El tiempo es el gran intérprete. ¡Qué claro es todo con él! Tan claro y tan profundo…

Vendido

Renaud CAMUS (1946-)

Carta autógrafa firmada a Madeleine Chapsal.

Cuatro páginas, tamaño grande en cuarto. Plegado. 25 de enero de 2006

 

 «Estimado Comandante (¿o Comandante?), ¿me perdonará por haber tardado tanto en leer su libro y por agradecerle recién ahora? No quería escribirle sin haberlo leído con toda la atención que merece, doblemente, porque proviene de usted y porque uno se siente necesariamente, por desgracia, cautivado por su tema. Pero la primera razón pesa más que la segunda, así que me retiro, y envejecer entre sus frases es, si no un placer del todo —sin exagerar—, al menos una experiencia de sabiduría, y dulce como tal. Tengo mil cosas que decirle y mil razones para admirarla (no me atrevo a escribir, señora, que la amo). Permítame, por una vez, elegir solo una de sus reflexiones, que encuentro maravillosamente precisa y profunda. Es la que hace sobre las cartas —y especialmente sobre las cartas de amor, supongo, pero no solo, que uno solo comprende verdaderamente veinte, treinta o cincuenta (años) después.» Lo había experimentado mil veces, pero sin darme cuenta. El tiempo es el gran intérprete. ¡Qué claro se vuelve todo con él! Tan claro y tan profundo… Es uno de los grandes placeres de la vejez, como bien señalas, ese alivio que aporta entre frases, empezando, por supuesto, con las de nuestra vida. Todo empieza a parecerse a esas fotografías en placas de cristal, ¿te acuerdas?, que mirábamos con cámaras especiales y que tallaban el espacio en planos sucesivos y bien definidos, como un decorado teatral. Empiezo a comprender un poco, querida Madeleine, los placeres que te deseo: no se los deberás al ejército*, sino a tu virtud (me refiero a ella en el sentido robespierreano, créeme…). Renaud Camus. *¡Lee el año, no el ejército ! (Pero, al fin y al cabo, ¡no lo sé!).

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